05 febrero 2008

Alejandra

ALEJANDRA

-Mirá, Martín -oyó que ella decía, de pronto-. Yo me separaré de vos, pero nunca creas cosas equivocadas sobre nuestra relación.

Martín la miró consternado.

-Sí. Por muchos motivos esto no puede seguir, Martín. Será mejor para vos, mucho mejor.

Sobre héroes y tumbas

Ernesto Sábato


Me dejó. Mirá Martín, se llevó para siempre las tardecitas de café y todos los árboles de la plaza. Me tiró su mundo encima y yo a duras penas pude aprender a sostener una paloma sobre un par de dedos. Mirá, no mires, mirá. Ir y venir, ida y vuelta siempre por el mismo horizonte, bien por el borde, a punto de caer pero lo suficientemente firme como para evitarlo. Como si un arnés me sostenía y yo no me daba cuenta. Y de pronto alguien cortó la soga. Y ví el arnés.

Yo me separaré de vos, porque claro está, Alejandra, que no me alejaría de tus días por mi bien. Quizás ni siquiera por el tuyo. No. Estoy demasiado perdido ya como para colocar mis pasos en alguna otra línea. ¿Existe otra línea? ¿Existe acaso en este mundo, el tuyo, el mío, el nuestro un mirador en el cual yo pueda sentarme y convertirme en el narrador de esta historia?

Podría creer que alguien maneja el tablero de ajedrez o que la reina vendió la cabeza del rey, pero nunca creas cosas equivocadas. ¿Equivocaciones? Algunos las tenemos en inmensas cantidades, tan grandes que podríamos repartir una a cada célula de nuestro organismo y aún así tener un resto. Las creencias se sostienen sin límite de tiempo, hasta que la espada nos pone contra la pared y nos demuestra su porcentaje de error. Y en ese punto sangran las palabras, sobran los silencios, asfixian los espacios. Descubrir que nos aferramos a una equivocación. No importa si fue por mucho o poco tiempo, pero lo hicimos. Y cuesta aceptarlo, demasiado.

Como demasiadas energías se necesitan para admitir que puede haber equivocaciones sobre nuestra relación. ¿Entendiste acaso el significado de la palabra nuestra? No tuya, ni mucho menos mía. Nuestra. Siempre me pareció frágil. Es complicado mantener algo uno mismo, de a dos los riesgos aumentan. Se crean vacíos al mismo tiempo que se acortan las distancias, y para rellenar el algodón esconde dudas.

Retumba como una excusa, suena el eco y las palabras se vuelven inquebrantables. Por muchos motivos esto no puede seguir. Dame uno, tan sólo uno. ¡Con tan poco me conformo! ¿Es otro? ¿Algo que no te puedo dar? ¿Una actitud que te lastimó? Puedo aceptar cualquier razón, siempre y cuando exista y no se reduzca a la sumatoria. Las sumatorias pierden las esencias de los elementos y reducen a puntos las estrellas. Muchos no alcanza, al menos que cada una de sus partecitas tengan nombre, puedan ser identificadas, válidas.

Será mejor para vos. Idioteces. Sería mejor si empezaras a participar de nuestra vida. Cuesta remontar el barrilete todos los días, no colgar cuando te llamo por teléfono a la boutique y te imagino ocupada, charlando con Wanda, o atendiendo algún cliente. Cuesta tragarme los celos y olvidar la estampilla aérea de la carta que te negás a mostrarme. Cuesta tanto pensarte abriéndole tu mundo a un extraño en vez de a mí que me duele la vida. Se me va, sangra, llora, se vuelve pausa.

Ya no soy Martín. Soy pausa, soy una gota de agua salada, soy las gaviotas que revolotean sobre aquel barco, soy la fotografía que me regalaste. Mucho mejor. Mucho mejor ahora que me es ajena tu despedida y sólo siento lo que mi cuerpo concibe como necesidad biológica. Alejandra me arrancó en veinte segundos diecisiete años de ríos de vida, de juegos interminables por Parque Lezama. Alejandra despidió mi niñez sin darse cuenta.


Nadia D. Román

1 caracolas se unieron:

shugo dijo...

Que lindo texto este!!!!!!!!!!

Besos!!